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Las dimensiones de la religión y la experiencia religiosa

Las Dimensiones de la Religión y la Experiencia Religiosa

Una contribución insoslayable en el estudio de la religión es su comprensión como una variable multidimensional. Se les atribuye a Charles Glock y Rodney Stark la operacionalización de la religiosidad (compromiso religioso) en cinco dimensiones: la experiencial, la ritualista, la ideológica, la intelectual, la consecuencial (Cipriani 2012). Sin embargo, la dimensión experiencial se asocia habitualmente con las emociones y sentimientos religiosos. Aunque esta última imbricación ha producido fructíferos estudios en los campos de la sociología y la psicología de la religión, también puede llegar a generar confusiones. En el Centro de Estudios en Psicología de la Religión (CEPR) sostenemos que la religión debe estudiarse a partir de 6 dimensiones, separando la experiencia religiosa y/o espiritual de las emociones y los sentimientos.

Recordemos en qué consisten estas dimensiones. De acuerdo con Roberto Cipriani:

La primera se refiere a lo que se experimenta, es decir, sensaciones, sentimientos y gratificaciones en la relación con lo divino. La segunda concierne los aspectos celebrativos, (…), las oraciones, los eventos oficiales, los cultos (…). La tercera comprende las ideas, los principios, los valores, los contenidos, las finalidades con relación a las creencias. La cuarta incluye los conocimientos de base relacionados a los textos sagrados. La quinta trata los resultados concretos de las creencias en clave de comportamientos, actividades y acciones que tienen lugar en contextos no específicamente religiosos (desde la familia al lugar de trabajo). Estas dimensiones se pueden transformar en otros indicadores de religiosidad, instrumentos útiles para la medición a través de la investigación empírica. (Cipriani, 2012, p. 20)

Como se había mencionado anteriormente, en Cipriani tenemos un ejemplo de equiparar la experiencia religiosa a “sensaciones, sentimientos y gratificaciones”. Otro tanto podría decirse de los autores de la psicología de la religión. Muestra de ello es Raymond Paluotzian (2016), quién menciona que la dimensión de la experiencia:

se ocupa del mundo interior mental y emocional del individuo. Además de los eventos experienciales a los que las personas atribuyen un significado religioso, la dimensión del sentimiento incluye cosas como el deseo de creer en alguna religión, el miedo a no ser religioso, la sensación de bienestar físico, psicológico y espiritual que se deriva de creer, el sentimiento de culpa después de una fechoría y cosas por el estilo.

Con todo, Stark y Glock habían dicho que las experiencias religiosas -más allá de los que una persona puede sentir o percibir como miembro de alguna comunidad religiosa- se refieren a la necesidad y expectativa de participar de los sobrehumano y sobrenatural:

La dimensión de la experiencia tiene en cuenta el hecho de que todas las religiones tienen ciertas expectativas, por imprecisas que se expresen, de que la persona debidamente religiosa alcanzará en un momento u otro un conocimiento directo y subjetivo de la realidad última; de que logrará alguna sensación de contacto, por fugaz que sea, con una agencia sobrenatural. Como hemos escrito en otro lugar, esta dimensión se refiere a las experiencias religiosas, esos sentimientos, percepciones y sensaciones que un actor experimenta o que un grupo religioso (o una sociedad) denota que implican cierta comunicación, por leve que sea, con una esencia divina, es decir, con Dios, con la realidad última, con la autoridad trascendental. (Stark y Glock, 1974, p. 15)

En el Centro de Estudios en Psicología de la Religión entendemos que las experiencias religiosas y/o espirituales difieren, tanto en su contenido como en su forma, de lo que comúnmente se conoce como sentimientos y emociones. Además, las experiencias espirituales tienen otro significado para quien las vive, más allá de su aspecto emocional y neuropsicológico. Nuestro interés se enfoca en las experiencias espirituales del protestantismo pentecostal, o experiencias carismáticas en el decir de Peter Berger. Según este autor:

Las expresiones carismáticas del cristianismo han existido desde el comienzo de la fe, en los acontecimientos de Pentecostés descritos en el libro de los Hechos, y a lo largo de la historia. Tal como señala el término genérico, estas expresiones replican los charismata o “dones del Espíritu” mencionados en el Nuevo Testamento: un culto sumamente emotivo, glosolalia (hablar en lenguas), curaciones (a veces incluso revivificaciones) … y profecía. (2016, p. 55)

El CEPR creemos en la existencia de Dios, y que Él desde el origen de los tiempos se ha manifestado al ser humano a través de profetas, y experiencias espirituales como visiones y sueños. Por lo tanto, estas experiencias no podrían reducirse a explicaciones neurofisiológicas, cognitivas o emocionales; ni tampoco ser atribuidas a alguna otra función sociocultural. En este sentido, aunque las experiencias espirituales tienen estrechas relaciones con las emociones y los sentimientos, en todo caso, se tratarían de una dimensión diferente.

Tanto las experiencias espirituales como las emociones relacionadas con la religión generan profundos cambios en el ser humano que participa de ellas. Una interesante reflexión sobre las relaciones entre la fe y las emociones es el capítulo 2 “Fe y emociones positivas”, del libro de Cindy Miller-Perrin y Elizabeth Krumrei Mancuso, Fe desde la perspectiva de la psicología positiva.

Finalmente, en cuanto a las experiencias espirituales, si bien éstas no podrían reducirse a mediciones neurofisiológicas y cognitivas, pensamos que si es posible lograr una descripción de ellas desde el punto de vista de quien las experimenta. En conformidad con esto último, consideramos que los enfoques fenomenológicos bridan un conjunto de métodos afines con este propósito – recuperar la experiencia espiritual tal y como la vive la persona que la experimenta-. En últimas, podríamos obtener descripciones detalladas de las experiencias religiosas en el mundo del protestantismo pentecostal, es decir, aquellos encuentros reales con el Creador de Universo y las consecuencias positivas de éstos para quienes tienen el privilegio de vivirlos.

 

Referencias

Berger, P. L. (2016). Los numerosos altares de la modernidad. busca de un paradigma para la religión en una época pluralista. Salamanca: Sígueme.

Cipriani, R. (2012). Los paradigmas en las ciencias sociales de la religión. Revista cultura y religión, 6(1), 6-30.

Miller-Perrin, C., & Mancuso, E. K. (2014). Faith from a positive psychology perspective. Springer.

Paloutzian, R. F. (2016). Invitation to the psychology of religion. Guilford Publications.

Stark, R., & Glock, C. Y. (1974). American piety: The nature of religious commitment (Vol. 1). Univ of California Press.

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